Justo cuando todo iba tan bien, cuando parecía que la cosa iba avanzando (despacio pero con paso firme), se me ocurre un día la brillante idea de sincerarme y decir todo lo que pienso de nuestra relación: mis inseguridades, deseos, sentimientos.... y la cago...
Él se queda sin saber que decir, porque cara a cara siempre se queda en blanco con ese tipo de cosas y me promete que ya me dirá todo lo que opina cuando lo piense y medite un poco.... y al día siguiente no es capaz de dar la cara, me manda un email lleno de contradicciones, sin sentido, sin pies ni cabeza, donde la única conclusión que saca es que según él es mejor que lo dejemos porque estoy mal por su culpa y todo ¿por qué? ¿porque un día estaba de bajón y necesitaba desahogarme y aclarar ciertas cosas? ¿el resto de días en los que siempre hemos estado bien no cuentan?
Al día siguiente le aclaré todo lo que había malinterpretado y decidimos seguir adelante con la relación, pero yo le he (y me he) puesto una serie de condiciones, ahora soy yo la que tiene por fin las riendas de mi corazón y de mi cerebro, ya no seré esa chica sentimentaloide porque algunas de las cosas que me ha dicho en su mail me han abierto los ojos. Sí, seguiremos juntos, pero como algo "indefinido" como él dice y a partir de ahora la puerta de mi corazón está abierta para conocer a otra persona que sí tenga claro lo que quiere y siente (al menos más claro que él), que no me de una de cal y otra de arena... puede que todo esto suene cruel pero ahora mismo es como me siento, quizás dentro de unos días vuelva a estar loca por él, eso ya no lo sé. Ha conseguido que por fin sea una persona dura, ha conseguido congelar mi corazón, a ver si es capaz de hacer que el hielo se derrita de nuevo.

Has apagado la chispa que estaba comenzando a encenderse en mí y no sé si volverá a resurgir, lo siento...

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